
Hay herramientas que resuelven una tarea concreta y otras que terminan convirtiéndose en el cajón de herramientas entero. DBeaver pertenece a la segunda categoría: es un cliente de bases de datos multiplataforma desde el que podemos conectarnos, consultar, explorar, editar y exportar datos sin cambiar de aplicación. Para un data engineer, se parece bastante a una navaja suiza con una interfaz gráfica.

Python sigue siendo uno de los lenguajes más cómodos para explorar y transformar datos. Sin embargo, la comodidad de un DataFrame no siempre se traduce en velocidad: cuando crecen las columnas y las filas, el coste de memoria y de CPU se vuelve muy visible. Polars aborda ese problema con una librería de DataFrames escrita en Rust y con una API disponible desde Python.

Hay herramientas que aparecen en los pipelines de datos porque una gran empresa las impone y otras que se extienden porque resuelven un problema cotidiano con una elegancia difícil de ignorar. DuckDB pertenece a la segunda categoría. Es una base de datos analítica embebida, pequeña, rápida y capaz de consultar archivos locales o remotos con SQL. En los últimos años se ha convertido en una pieza habitual del trabajo de Data Engineering, Data Science y Analytics Engineering.

Los agentes LLM escriben código con una velocidad sorprendente. También olvidan con una velocidad sorprendente. Una conversación puede contener decisiones importantes y, sin embargo, esas decisiones se pierden cuando cambia la sesión, el modelo, la persona que mantiene el proyecto o simplemente el contexto que cabe en la ventana del agente.
Ahí aparece el Spec-Driven Development (SDD), o desarrollo dirigido por especificaciones. La idea es sencilla: antes de pedir código, se escribe qué queremos construir, por qué, qué límites debe respetar y cómo sabremos que está bien. Esa especificación deja de ser un documento efímero y se convierte en un contrato de trabajo que pueden leer el equipo y los agentes.

Y como Alicia, cayendo por la madriguera, no se daba cuenta de que realmente estaba cayendo, ni notaba vértigo, ni impresión alguna, fuimos cayendo en este enorme jardín que es el COVID-19.
Y flotábamos ajenos al enorme problema que esto podía suponer, porque suponíamos que todos los cisnes eran blancos, hasta que encontramos uno negro. Y cuán negro era, más oscuro que el señor de las tinieblas, más dramático que una obra de Shakespeare, más irónico y surrealista que cualquier película de Berlanga.